"No hay seguridad pero entre familia nos cuidamos"

Así lo dieron a conocer visitantes que acudieron a dicho parque ecoturístico que se encuentra cerrado tras
Foto: Emilio Fernández
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23 de julio 2012 09:00
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Emilio Fernández
23 de julio 2012
09:00

Emilio Fernández Román

emilio.fernandez@eluniversal.com.mx

CHALCO, Méx.- Los papalotes vuelan mejor a más de 3 mil 200 metros de altura sobre el nivel del mar. Eso lo sabe bien el pequeño Adrián de cuatro años y su papá Raúl.

Este domingo los dos querían ingresar el parque ecoturístico “El Colibrí”, pero no lo pudieron hacer porque está cerrado desde el 12 de julio cuando un grupo de pobladores de la comunidad chalquense de Santa María Huexoculco atacó y violó a varias adolescentes del Movimiento de Juventudes Cristianas.

Las plumas de seguridad del sitio están abajo y en la caseta de vigilancia no hay nadie.

Por ese mismo punto ingresaron los miembros del grupo cristiano para adentrarse al paraje Pináhuac, del poblado de San Martín Cuautlalpan, Chalco, donde fueron asaltados y abusadas sexualmente algunas menores de edad.

El paseo dominical de Adrián y su padre, provenientes del Distrito Federal, no podía ser alterado. Al no poder ingresar a “El Colibrí”, avanzaron en su vehículo unos cuantos metros y se internaron en el Parque Nacional Izta-Popo Zoquiapan.

Ahí, el papalote hecho por Raúl surcó los aires ixtapaluquenses más rápido que en planicies más bajas.

En ese punto, decenas de campistas de la ciudad de México, Estado de México, Puebla y Morelos disfrutaron del domingo soleado, pero con vientos fríos que obligaban a ponerse un suéter o chamarra a los visitantes.

En el camino, sobre la carretera federal México-Puebla, el esposo de Luz Elena compró pulque natural y curado de avena y fresa para agasajar a su compadre Héctor que lo visitaba de Querétaro.

Todos se enteraron de lo que les ocurrió a los integrantes del Movimiento de Juventudes Cristianas, pero aún así decidieron acudir al parque que está más cercano en donde ocurrió el ataque.

“No nos da miedo, porque vemos mucha gente aquí, además qué nos puede pasar si venimos muchos familiares”, dijo Martha Patricia, vecina de Ixtapaluca.

Las familias que estuvieron en el parque no vieron durante su estancia de más de cuatro horas que policías de cualquier corporación vigilaran el lugar.

“No hay seguridad, pero si hubiera de los que tenemos que cuidarnos son de ellos, porque ya ve que a los que agarraron del ataque a las niñas cristianas había policías. Sólo estamos pendientes de lo que pasa. Aquí entre todas las familias nos cuidamos”, contó María Cristina, originaria de Puebla.

 
 
 
 
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