Ella no sólo carga preocupaciones sobre su espalda

Desde hace más de 10 años, Sonia Pérez labora en un horno donde se produce tabique de barro, en el municipio de Teotihuacán
Foto: Alan López
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07 de marzo 2013 09:45
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Allan López Sosa
07 de marzo 2013
09:45

Esta mujer menuda de 32 años acarrea y fabrica de manera artesanal, junto a su esposo, ladrillos para sobrevivir; además, debe preocuparse por vestir, calzar y alimentar con 100 pesos al día a sus vástagos, que empezó a procrear desde los 15 años

El peso que Sonia carga sobre su espalda no sólo es por preocupaciones. Su frágil cuerpo de 32 años ha sabido acostumbrarse a los trabajos más rudos. Ella no sólo es trabajadora en un horno donde fabrican tabique de barro de manera artesanal, su energía también le alcanza para atender a sus ocho hijos.

Desde hace más de 10 años, Sonia Pérez labora en un horno donde se produce tabique de barro, en el municipio de Teotihuacán. Ella no es precisamente una empleada del lugar, pues sólo ayuda a su esposo. Su tarea es acarrear agua para preparar el lodo que sirve para formar los bloques. Tierra, aserrín, estiércol de caballo y agua son los elementos de esta mezcla.

Sonia participa en todo el proceso. Después de que su esposo forma las figuras ella las corta. Así le llaman a la tarea de quitarle el sobrante de barro a las orillas de cada pieza para formar un rectángulo.

Una vez que los segmentos quedan limpios, deben enrejarlos, es decir, formar hileras para que éstos se sequen, proceso que dura unas tres semanas.

“Ya que los tabiques están secos, tenemos que cargarlos en la espalda para llenar el horno. En esto nos tardamos hasta dos meses, porque le caben más de 15 mil piezas”, cuenta la mujer.

Ella no vive en la sierra ni en algún municipio de los más pobres, sino a pocos kilómetros del DF y a metros de uno de los sitios turísticos más importantes del país. Habita una pequeña casa de lámina, en el pueblo de Atlatongo. Ahí, aunque hay escuelas, gente como Sonia no tiene ni la educación básica.

“Mi papá era un señor borrachito que no le gustó que sus hijas fueran a la escuela. Por eso yo no sé leer ni escribir, tampoco tuve papeles hasta que yo misma me fui a registrar al municipio”, comenta.

Se casó a los 15 años con su actual esposo y desde esa edad comenzó a tener hijos. Ahora es madre de ocho niños y buscan cómo darles de comer.

Fue así que iniciaron a fabricar tabique, pero de una manera prácticamente artesanal: rentaron un terreno para extraer tierra y en el que también adquirieron un horno para introducir el barro y ponerlo a cocer por tres días con sus respectivas noches, para que alcance la resistencia necesaria.

En ese lapso el fogón no debe apagarse, por lo que dos personas lo atizan con madera, cartón y aserrín todo el tiempo. Sonia también “le entra” a esto. Una vez cocido el material tienen que apilarlo nuevamente y esperar el cliente, que a veces no llega.

De cada horneada Sonia y su esposo pueden recibir hasta 15 mil pesos; sin embargo, entre insumos y 3 mil pesos de la renta del terreno por cada producción, les quedan apenas unos siete mil.

“Tengo que hacer de comer con 100 pesos al día, a veces sí les doy carne, pero casi no”, asegura. Por su casa todos los días pasa el camión de gas, pero es un lujo que no puede darse, por lo que debe encender leña al menos tres veces al día para preparar sus alimentos. “Aparte de que trabajo, tengo que salir a juntar la madera en el campo”, añade. No importa lo intenso del sol, ni lo penetrante del frío, ésa es una tarea difícil de eludir.

Sus manos reflejan el trabajo, el cansancio y lo duro que es sobrevivir con pocos recursos; a pesar de ello, en su mirada se ven las ganas de seguir trabajando. Es pesado, sí, pero para una mujer, una madre, eso no es imposible.

 
 
 
 
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