Se vuelven "locos" por un día en Toluca

Es el Paseo de Los Locos, la fiesta anual en la que el pueblo se consagra 24 horas a festejar a lo grande a su patrono, San Isidro Labrador
Foto: El Gráfico
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22 de mayo 2013 09:40
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Teresa Montaño
22 de mayo 2013
09:40

Teresa Montaño

METEPEC.— En esté pueblo mágico la gente se volvió loca por un día. Las clases en las escuelas se suspendieron, los comercios se cerraron, los hombres se pusieron trenzas, enaguas y zapatillas, mientras que las mujeres “echaron la casa por la ventana”, para dedicarse desde muy temprano a bailar, regalar dulces, panecillos de maíz y hasta trastes, y todo a un trepidante ritmo de tambora.

Es el Paseo de Los Locos, la fiesta anual en la que el pueblo se consagra 24 horas a festejar a lo grande a su patrono, San Isidro Labrador.

Más de 20 pueblos, barrios y colonias se unieron como cada año para revivir una tradición que se remonta más de 200 años atrás, cuando por primera vez, los originarios de estas tierras, preocupados por la falta de humedad, salieron entre desfiles y plegarias a orar y pedirle a San Isidro que mandara las lluvias.

Aunque en un principio la fiesta era estrictamente religiosa, con el paso del tiempo se fue adaptando a la moda y hoy es un desfile de algarabía, en la cual los hombres del pueblo ponen la nota ataviados con enaguas, vestidos o minis, y van por las calles danzando quebraditas y cumbias a todo lo que dan.

Algunos con pelucas de colores, otros con mallas que dejaban ver sus fornidas y velludas piernas, portando collares, perfectamente maquillados, con zapatillas algunos y botas industriales otros, con trenzas que volaban al son de los giros y los quiebres, y sudando los bofes, ahí iban los mayordomos jóvenes de San Miguel Toto, que no se dejaban intimidar por la rechifla ni los piropos de sus congéneres…

-¡Ahí va el Paco, que bien te ves chula!, se escuchaba en una esquina, ¡Mira ahí va don Pepe el de la tienda!, se escucha por el otro lado, entre carcajadas y rechiflas, y así una cuadra tras otra, mientras que cientos de vecinos de arremolinaban en las banquetas para ver pasar las cuadrillas, lanzar piropos y pedir un regalito a las delicadas doncellas.

Este año el ayuntamiento local intervino por primera vez en la organización del evento religioso y “logro” que la comunidad lesvico-gay “aceptara no participar”, como lo venía haciendo desde hace algunos años, de acuerdo a un comunicado emitido por el propio municipio, en el que señaló que este hecho se alcanzó mediante “un diálogo respetuoso y abierto”.

También a propuesta del ayuntamiento que preside Carolina Monroy, participaron “jueces” para calificar el arreglo de yuntas y retablos realizados con semillas por parte de las cuadrillas, y al final entregó regalos a los participantes.

 
 
 
 
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